viernes, 24 de marzo de 2017

Paso del shemá (XII)



«SÁBADO POR LA TARDE
CATEQUESIS SOBRE “La torre” Y KERYGMA
La catequesis de esta tarde será prácticamente, como catequesis, la única en toda la convivencia, porque mañana tendremos un tiempo de oración y durante la oración se dará una catequesis, pero muy breve.
Para comenzar esta catequesis, quiero leeros una palabra, pero antes de leerla me gustaría deciros una cosa: esta Palabra, que hemos escuchado ya en el escrutinio y que escucharemos de nuevo, tiene una problemática, tiene un problema, que gracias a Dios otra palabra de la Escritura, la parábola del sembrador, nos puede ayudar a entender en este momento.
Aquí se olvidaron de pasar el arado
Precisamente en estos día estoy leyendo un libro que explica esta parábola diciendo como alguno tal vez, puede entender la parábola –es decir, no entenderla- maravillándose de que alguien pueda sembrar entre piedras o entre espinas o en el camino. Porque el sembrador siembra en el surco, ¿no? El libro explica como se sembraba en Palestina en aquella época, de un modo diferente: primero se esparcía la semilla por un terreno con piedras, espinas, sobre la vereda por la que pasaba la gente. Y después de echar la semilla, se pasaba el arado y se removía toda la tierra con la semilla. Por eso el Señor emplea esta parábola, porque así se sembraba en Palestina. Claro, así una semilla podía caer entre las piedras, y allí quedaba hasta que se pasaba el arado.»
Dudo mucho que se arasen las veredas por las que pasaba la gente. Y si se pasaba el arado sobre el espino, sería sorprendente que éste sobreviviese para ahogar la semilla buena. En suma, que Kiko no lo ha captado bien.

«La parábola del sembrador es una palabra muy fuerte y alguno se puede escandalizar. Bien, si alguno se escandaliza, dice Jesucristo: “Bendito sea quien no se escandalice de mí”. Porque Jesucristo dice las cosas muy claras. Y sabéis que el Evangelio contiene la palabra, las palabras históricas concretas de Jesús, y las han puesto en un contexto catequético, aquí tenemos todavía el eco de los discursos, los discursos, las palabras directas de Jesús, que se pueden descubrir en el Evangelio en medio de su actualidad, de su realidad histórica, y hay algunos (que son muy fuertes) que están señalados en los Evangelios (lo que hoy los escrituristas llaman “logion”. Logión se llama a la primera recopilación que existía, porque la mayoría piensa que existió, antes de los evangelios que son ya muy elaborados, como una catequesis, un relato de dichos de Jesucristo, relato para que los catequistas no se olvidasen de ellos; y que son palabras que habían escuchado exactamente como salían de su boca).

Después, el Espíritu Santo en la Iglesia, ha hecho esta maravilla, que es inigualable, que es impensable, que ninguna mente humana pudo pensar ni hacer una cosa maravillosa como es este documento que son los cuatro Evangelios.
Entre las muchas cosas que Jesús dice, muy fuertes, porque no se avanza con compromisos para endulzar las cosas (llega a decir cosas tan fuertes como que si no comes su carne no le puedes seguir –esto lo dice antes de instituir realmente en la Pascua la Eucaristía como su cuerpo, como memorial de su carne-) y sabéis que la gente se escandaliza y se va. Y Jesús debe decir a sus apóstoles: “¿También vosotros queréis iros?” Porque la gente dice: “Este es un monstruo. Ahora sale con que le comamos. ¡Este es un caníbal! ¡Comer su carne y beber su sangre!...” Porque quien quiere escuchar, escucha, y quien no quiere entender, se queda fuera de la palabra. Por esto constantemente Jesús dirá “quien tenga oídos para oír, que oiga”.
Bien. Pero entre todas las palabras tremendas que dice en la Escritura hay una particularmente salvadora para nosotros, Y es la que dice “quien no odia a su padre, a su marido, a su mujer y a su madre y a su hijo y a su hija…” que alguno ha querido traducir como “quien no pospone”, es decir, quien no pone después. Esta fue la traducción de algunas Biblias antiguas, pero hoy la Biblia de Jerusalén, que ha ido a las fuentes con muchos estudios (la han hecho estudiosos dominicos y de todas las órdenes religiosas, se reunieron en Jerusalén e hicieron este documento que se llama Biblia de Jerusalén, dirigida sobre todos a los franceses), dice que la palabra “odiar” es dicha a propósito por Jesucristo. Él quiso emplear precisamente este vocablo más como una forma catequética, como una palabra que viene en nuestra ayuda.»
Ya se ha aclarado más de una vez que quien se empecine en traducir odiar, se equivoca... o intenta equivocar a otros.
«Tenemos el problema de que alguno dice “yo no lo entiendo. Que me lo expliquen”. Entonces debemos estar atentos, porque la Escritura dice, en la parábola del sembrador: “hay una semilla que cae cerca del camino, y llegan los pájaros del cielo, lo ven allí tan limpito y se lo comen. Hay otra semilla que cae entre las espinas, crece la semilla, crece el espino y llega un momento en que lo sofoca. Hay otras semillas que caen en la tierra y dan fruto. Algunas 30, otras 60 y otras 100. Así termina la parábola y cuando llegan a su casa los discípulos dicen a Jesús: “Maestro, explícanos que has querido decir con la parábola del sembrador”. Y es verdaderamente maravillosa la respuesta que da Jesucristo. Sorprendente para nosotros.
La respuesta que da es ésta: la semilla que cae junto al camino son todos aquellos que escuchan la palabra de Dios y no la entienden. No la entienden. Viene el maligno y se la arrebata, se la lleva. La semilla que cae en las piedras son aquellos que escuchan la palabra con alegría, pero después las tribulaciones, en cuando aparece una tribulación, una persecución a causa de la palabra, por el hecho de ser cristiano, debido a que no tiene raíces en sí mismo, inmediatamente sucumbe. 
Acacia o espinillo
La que cae entre los espinos son aquellos que reciben la palabra con alegría y comienza a crecer, pero el afán por la riqueza, las preocupaciones de la vida, son tan grandes que acaban por sofocar la palabra. Y la que cae en tierra buena (esto es importante) son aquellos que escuchan la palabra y la entienden. Así como dice que la que cae en el camino son los que no entienden, la que cae en la tierra buena son quienes escuchan la palabra y la entienden. Quienes escuchan la palabra y la entienden, dan fruto: algunos 30, otros 40 y otros 100.
Que el Señor nos conceda, hermanos, el don de poder comprender su palabra y nos de la humildad suficiente para que si no la comprendes, te abandones en el Señor y no la rechaces, exigiendo que Dios te lo explique todo, porque Él  debe ser tu secretario.»
Sintomático que usa la primera persona cuando se trata de ponerse en el grupo de los que entienden todo, y usa la segunda persona para dirigirse a aquellos a quienes no les es concedido entenderlo todo. Sintomático y logiquísimo, por ser inconcebible que “Donki” pueda estar en el grupo de los que no entiendan lo que quiere Dios.
«”Que me lo expliquen. A mí, si no me lo dan todo masticado y bien claro, yo aquí no juego” Así hemos jugado todos en la vida. Dios debe ser nuestra secretaria, nos tiene que explicar por qué el cáncer. Por qué el sufrimiento, por qué te sucede esto, por qué tu mujer es así, por qué tu marido está enfermo, por qué tu mujer tiene ese carácter, por qué tus hijos tienen esta enfermedad o por qué te han despedido del trabajo o no sé qué cosa que cada uno de nosotros pueda tener; sin darse cuenta, claro, de que si Dios nos hiciese caso, cierto que no le serviríamos porque nadie sirve a un esclavo.
Bien. Ahora escuchemos esta palabra y escuchémosla como viene. La palabra tiene un poder grande. ¡Deja que te llegue!
La palabra ha salido de la boca de Dios, es palabra de Dios.
Lectura: “La torre” – Lc 14, 25-35
Canto: El sembrador

jueves, 23 de marzo de 2017

Esta entrada no tiene que ver con el Camino Neocatecumenal



Esta entrada, como reza el título, no tiene nada que ver con el CNC, pero sí con la Iglesia y es la razón por la que estos días estaré ausente del blog: voy a la beatificación de un familiar. 

Este es el relato que figura en la web del obispado de Almería:

Queridos diocesanos:
1. El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.
Con fecha del pasado 15 de junio, en la Carta a los diocesanos «El Papa Francisco manda promulgar el “Decreto de martirio” de los mártires de Almería», comunicaba a la Iglesia diocesana que había terminado el recorrido para la Beatificación de la Causa de los Mártires de Almería.
Esta causa tiene su contexto propio en la persecución religiosa que comenzó el año 1934 y se recrudeció de forma crudelísima durante la guerra civil española de 1936 a 1939, y en cuyo origen —como ha quedado reflejado en el así llamado «Congresso Peculiare» de la Congregación de las Causas de los Santos, que examinó la encuesta histórica y el sumario probatorio de los mártires— «se encuentra un profundo odio contra la Iglesia católica» (Relatio et vota, Roma 2015, 18).
El proceso ordinario de esta Causa se instruyó en la diócesis de Almería del 11 de abril de 1995 y 21 de mayo de 1998. La Congregación había concedido el preceptivo nihil obstat el 8 de julio de 1993 para el formato primero de esta Causa, que constaba de 93 Siervos de Dios iniciales, candidatos a la beatificación. Sin embargo, los trabajos de campo y la encuesta llevada a cabo por la Comisión histórica diocesana, constituida al efecto para investigar los hechos que justifican la Causa, aconsejaban la incorporación de más de una veintena de candidatos para su inclusión en la Causa, por haber sufrido la muerte por odio a la fe con las características propias del martirio. Tras la consulta realizada a la Congregación romana para las Causas de los Santos, ésta respondería aceptando la inclusión de los nuevos candidatos con el nihil obstat preceptivo el 17 de noviembre de 1998.
Una vez concluido el proceso diocesano en la sesión pública del 26 de febrero al 9 de abril de 1999, la Congregación declaró la validez del mismo; es decir, haberse realizado sobre los supuestos de martirio y mediante los procedimientos idóneos, conforme al derecho de la Iglesia y la normativa sobre las causas de canonización. No obstante, una vez declarada la validez del proceso diocesano, la Congregación prorrogó el mandato del tribunal diocesano un tiempo suplementario, con miras a una consolidación testimonial probatoria suficientemente bien fundada. El tribunal diocesano realizó este trabajo complementario del 15 de julio al 26 de agosto de 1999. La Congregación nombró a continuación Relator de la Causa a Mons. José Luis Gutiérrez, quien durante años ha sido relator de múltiples causas de beatos y santos españoles.
2. Es preciso distinguir entre caídos de la guerra civil y mártires de la persecución religiosa por odio a la fe (“in odium fidei”). Los caídos de uno u otro bando en guerra, fueron muertos en acciones bélicas en legítima defensa de sus ideas mediante las armas. Defendieron el orden político que creían justo y sucumbieron en las acciones de guerra o en retaguardia asesinados por sus enemigos en razón de los principios políticos que defendían. Los mártires, en cambio, para ser reconocidos como tales por la Iglesia tienen que haber padecido la muerte por amor a Cristo y al Evangelio, por el hecho de ser sacerdotes, religiosos o religiosas, cristianos seglares que sin militar en las acciones bélicas practicaban la fe que profesaban, acudiendo a Misa, rezando el Rosario, adorando el Santísimo Sacramento como los adoradores nocturnos; por haber militado en la Acción Católica como cristianos entregados al apostolado de la Iglesia.
Los siervos de Dios que van a ser beatificados en razón del martirio sufrido, igual que los ya beatificados con anterioridad en Roma y Tarragona, y otros en menor número también en diócesis distintas de España. No son preferidos por la Iglesia por ser de uno de los bandos enfrentados en la guerra, sino por haber muerto por amor a Cristo y por su causa. Los mártires no han tomado parte en la confrontación violenta de los bandos enfrentados, sino que han sido víctimas de la violencia ejercida contra ellos a causa de su fe. Quienes dieron muerte a los mártires pudieron hacerlo porque los incluían en un bando, pero les dieron muerte porque eran aquellos que querían excluir de tener parte en la sociedad en razón de la fe que profesaban y que los perseguidores pretendían erradicar.
La Iglesia encomienda a todos los que murieron víctimas de la violencia, porque encomienda a todos los difuntos a la misericordia de Dios, pero no beatifica ni reconoce como mártires de la fe a los caídos en guerra, sino a los que murieron por Cristo en razón de la fe que profesaban. Los mártires fueron perseguidos y muertos “en odio a la fe” desde los comienzos de la Iglesia, víctimas en ocasiones de crudelísimas torturas y amputaciones de miembros, actos acompañados de blasfemias, incitación al abandono de la fe, a la comisión de actos sacrílegos e impuros, arrastrados a la muerte con mofa de sus creencias religiosas de las que sus perseguidores pretendían que los mártires renegaran, incluso con el señuelo de salvarles la vida.
3. Los siervos de Dios de esta Causa son 95 sacerdotes, uno de los cuales es religioso franciscano (P. Gabriel Olivares Roda OFM), y 20 son seglares. De éstos, 18 son varones, y dos mujeres cuyos nombres brillan con luz propia: Emilia Fernández Rodríguez, la “Canastera de Tíjola”, gitana de raza y mártir del Rosario, de 23 años; y Carmen Godoy Calvache, de 49 años, que padeció una cruel tortura antes de su muerte.
La Positio es el término técnico que designa la descripción de los hechos investigados por la Comisión histórica y por las encuestas diversas de testimonios. Su elaboración es laboriosa y exige un gran rigor metodológico para llegar a la verdad de los hechos acaecidos y extraer de los mismos la valoración que permita considerar con sólida argumentación que los mártires fueron muertos por su fe. La Positio de los mártires de Almería consta de dos volúmenes: en el primero se contiene la descripción de los hechos y los datos esenciales de la causa; en el segundo, muy voluminoso, recoge la documentación y los testimonios sobre cada uno de los Siervos de Dios, que avalan la descripción que se ofrece en volumen primero, por lo cual recibe el nombre de Summarium.
La Positio ha ordenado el estudio de los mártires en 9 grupos que se han confeccionados por la fecha y el lugar del martirio, según decisión de la Comisión histórica que realizó la labor de campo y la encuesta testimonial, agrupación que asimismo fue asumida por el tribunal diocesano. Téngase en cuenta que la diócesis de Almería era durante la persecución geográficamente mucho más limitada que la que la configuración geográfica que hoy tiene, coincidente con la misma extensión de la provincia civil de Almería, por ello algunos de los sacerdotes pertenecían por entonces a las diócesis de Guadix y Granada, si bien por ser almerienses y haber muerto en Almería se han incluido en la Causa, salvo las excepciones que han requerido la autorización de los obispos de Granada (Mártires de Turón), Zaragoza y Cuenca para aquellos siervos de Dios que fueron martirizados fuera de la diócesis de Almería.
4. La Positio se redactó en su día con los trabajos de campo de la encuesta de los testigos y la investigación de los hechos realizada por la Comisión histórica. Por esto sólo pudo componerse una vez concluido el proceso diocesano, durante el cual se programaron y ordenaron las acciones de recogida de datos y conocimiento de los hechos que pudieran ser susceptibles de ser interpretados razonablemente como hechos propiamente de martirio a causa de la fe. Sólo después del proceso diocesano interviene la Congregación para las Causas de los Santos, sin cuyo nihil obstat no hubiera podido comenzar el proceso diocesano. Concluido este proceso mediante la sesión solemne de clausura, es enviada a la Congregación el conjunto documental que acredita el proceso y, una vez examinados los documentos por los expertos de la Congregación y los resultados del proceso diocesano, la Congregación declara la validez del mismo, nombra al Relator de la Causa, que en el caso de los mártires de Almería recayó en la persona de Mons. José Luis Gutiérrez, y se dio paso a la elaboración de la Positio.
El laborioso trabajo de confeccionar la Positio se confía al Postulador diocesano, que en el caso de los mártires de Almería correspondió, por decisión del Obispo de Almería y la generosa aceptación del propio postulador designado, al sacerdote de la diócesis de Jaén Rvdo. D. Rafael Higueras Álamo. Como acabamos de indicar el postulador realizó la labor de redacción de la Positio ateniéndose a los datos de la Comisión histórica y los resultados de la encuesta testimonial, y siguió en todo momento las orientaciones del Relator romano de la Causa.
La misión de este Relator es la de sacar adelante la Causa juntamente con el Postulador romano. Este último es distinto del postulador diocesano y durante estos últimos años ha cambiado varias veces por distintos motivos: primeramente había sido el profesor de Derecho Canónico Dr. Juan Sánchez y Sánchez, en su condición de agente de preces del Episcopado Español ante la Santa Sede. En 2003, una vez entregada la Positio, nombré postulador a D. Rafael Higueras Álamo, que permaneció algún tiempo a caballo entre Jaén y Roma ocupándose de nuestra Causa. Después fue postuladora la Señora Silvia Correale, postuladora de la Causa de virtudes del Cura Valera; y ante el posible estancamiento de la Causa, consideré prudente cambiar a la postuladora y nombrar al nuevo agente de preces, una vez jubilado el profesor Juan Sánchez y Sánchez. Se hizo cargo de la Causa martirial almeriense el nuevo agente de preces D. Tomás Amable Olano. Estos dos postuladores, sacerdotes operarios diocesanos, ya fallecieron, de modo que fueron sustituidos por D. Santiago Luis de Vega Alonso, nuevo agente de preces de los obispos españoles y también sacerdote operario diocesano.
5. Llegamos así a la intervención de los teólogos, cuyo trabajo ha consistido en comprobar la verdad del martirio, desde el punto de vista material y formal. Desde el primero, el punto de vista material, el martirio requiere que quienes dieron muerte a los Siervos de Dios (“ex parte persecutorum”) actuaran “en odio a la fe”. Desde el punto de vista formal: que los Siervos de Dios hayan vivido su propia muerte como entrega martirial a la voluntad de Dios y configurados con Cristo (“ex parte victimarum”).
Los votos de los teólogos son examinados por los miembros de la «Congreso peculiar de la Congregación de las Causas de los Santos», en la cual toma parte el Promotor de la Fe en calidad de Presidente, de uno o más notarios-actuarios y de los consultores teólogos previstos, cuyos votos son sometidos a examen por el Congreso. En nuestro caso, el número de expertos teólogos en la materia eran 6 presentes y dos ausentes. Estos últimos enviaron sus votos para examen del Congreso, que tuvo lugar el 28 de mayo de 2013, bajo la presidencia del Rvdmo. Mons. Carmelo Pellegrino. La selección aprobatoria de los siervos de Dios que los convierte en candidatos inmediatos a la beatificación es el filtro final antes de la intervención de la Comisión de cardenales.       Tras la sesión de esta comisión el pasado mes de junio, el Santo Padre decidió la publicación del Decreto de Martirio de 14 de junio de 2016. La Causa reza como «José Álvarez-Benavides y de la Torre, Deán del Capítulo de la Catedral y 114 compañeros muertos en odio a la fe».
6. El camino de la beatificación. A partir del decreto de martirio, hemos tomado el camino de la beatificación. Naturalmente, fijar la fecha de la beatificación requiere algunas etapas previas.
 1º. Exhumación de los restos. La primera es la exhumación de los restos de los mártires, cuya ubicación no siempre es conocida. De los 115 mártires que han finalizado la Causa, sólo los restos de pocos más de treinta están localizados en Almería, algunos se hallan depositados en iglesias y panteones y tumbas de otras provincias. El exhumado y catalogación de reliquias es delicado y tiene sus propias técnicas. A ello se añaden los permisos de las autoridades sanitarias y autorizaciones civiles pertinentes conforme a norma. La comisión canónica constituida a tal efecto por el Obispo diocesano está formada por un Juez instructor, el Promotor de Justicia, notario (o notarios), médicos forenses y otros miembros.
2º. Determinación del lugar sagrado o lugares donde será depositada para su veneración por los fieles la urna de las reliquias de los mártires y fijación de destinos para los restos de los mártires.
3º. Catalogación de reliquias y su distribución según la mente de la Iglesia, para lo cual es necesaria la colaboración de una empresa especializada. Se ha elegido la prestigiosa empresa «Colombo» de Milán, que asimismo confeccionará la medalla conmemorativa.
4º. Composición del tapiz-cuadro de la beatificación.
5º. Lugar donde se celebrará la misa de beatificación, que lógicamente requiere la necesaria idoneidad, cumpliendo la normativa civil y canónica para su normal desarrollo.
7. Estas y otras acciones requieren previsión y despliegue de una logística acorde con la naturaleza de tan significativo acontecimiento para la historia de la Iglesia diocesana. Se trata, en efecto, de un acontecimiento que ha de fortalecer el testimonio de la fe que los cristianos de hoy estamos llamados a dar en el contexto de la sociedad de nuestros días. No podemos vivir de la nostalgia de un pasado que no vuelve, pero tampoco podemos ignorar el pasado que genéticamente da razón de quiénes somos y a quiénes nos debemos. Del pasado nos viene la tradición de la fe que da identidad a la Iglesia de Cristo, peregrina en la historia de los hombres y a su servicio. Del pasado nos ha sido transmito con la fe el ejemplo que para nosotros representan los mejores discípulos de Cristo: los mártires que sellaron con su sangre la fe que profesaron, y los santos que vivieron el seguimiento de Cristo en vida cotidiana de forma heroica, es decir, como verdaderos virtuosos de la santidad, no por lo que hicieron de extraño a la vida humana, sino por haberla vivido en la presencia de Dios y en fidelidad a toda prueba a la voluntad divina y al discipulado de Cristo.
La comunión de los santos es transversal al tiempo y a la historia y es, por eso mismo, comunión con los hermanos que nos precedieron y van delante de nosotros a la luz de Cristo resucitado, en quien se recapitula la historia y quien la atrae a sí, y por la acción del Espíritu Santo consumarla en Dios Padre.
Que el Dios de las misericordias que nos llama a la santidad de vida y nos ofrece este acontecimiento de gracia para seguir nuestra marcha hacia él, fortalezca el testimonio de la fe cristiana con la palabra y el poderoso ejemplo de los mártires y de los santos. Con la oración de la Iglesia, concluyo esta información que os transmito cuando se llega el día feliz de la beatificación de los mártires, testigos de Cristo, a cuya intercesión nos encomendamos:
«V/. Preciosa es ante el Señor
R./ La muerte de sus santos.
V/. Santa María y todos los santos
intercedan por nosotros delante del Señor,
para que merezcamos nos ayude y nos salve
el que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén».
Almería, 13 de noviembre de 2016
San Leandro, Obispo

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

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